La seguridad en Bogotá se ha
convertido en un asunto que está sirviendo
para que algunos sectores políticos de oposición
al gobierno del alcalde Samuel Moreno Rojas busquen
sacar réditos políticos desfigurando
las cifras o desconociendo los avances obtenidos,
habida cuenta que los diversos sucesos que en materia
de orden público que acaecen a diario en una
ciudad de las dimensiones de la capital colombiana
sirven de pretexto para atacar los esfuerzos que se
vienen realizando para mejorar la convivencia ciudadana.
Por eso se convoca a debates al Alcalde de Bogotá
en la Cámara de Representantes por bancadas
de la oposición y simultáneamente se
publican artículos de prensa sosteniendo en
forma falaz que la administración miente o
manipula las cifras relacionadas con el tema de la
seguridad.
Un opinador en el diario El Tiempo planteó
la necesidad imperiosa de "volver a utilizar
las cifras ciertas y confiables de muertes violentas
del Instituto de Medicina Legal" para que los
diagnósticos sean correctos.
Lo que ocurre es que la administración distrital
durante el primer trimestre de este año demostró
diferencias sustanciales en las metodologías
utilizadas por la Policía Metroplitana que
son las que toma como referencia y las de Medicina
Legal en cuanto a número de homicidios.
Para el Distrito, el número de homicidios no
coincide por tres razones: primero, porque las fechas
de corte de cifras no son iguales. Segundo, porque
el Distrito usa como fuente para sus estadísticas
información de la Policía y no de Medicina
Legal y tercero porque esta entidad incluye en los
homicidios los casos de aborto y el Distrito no. Además,
arguye la administración, Medicina Legal puede
tardar meses en determinar si casos de muertes violentas
corresponden o no a homicidios.
También en el cálculo de la tasa,
el Distrito ha demostrado que la diferencia radica
en que Medicina Legal la calcula con base en el
censo del 2005, que tiene un registro de 406.570
habitantes menos que las proyecciones del Dane que
utiliza Bogotá para hacer sus mediciones.
Para la administración, el censo del 2005
no se puede usar para calcular la tasa de homicidios
porque todavía no ha sido aprobado por ley
en el Congreso.
Aunque es obvio que las cifras son relevantes porque
contribuyen a hacer una radiografía de los
fenómenos sociales, lo fundamental es contar
con una política coherente que permita adoptar
medidas y mecanismos que, como en el caso de la
seguridad bogotana, logre obtener resultados.
El gobierno de Moreno Rojas cuenta con una sólida
estrategia de seguridad ejecutada por la Policía
Metropolitana y consensuada con algunos gremios
como Fenalco y la Cámara de Comercio para
fortalecer redes ciudadanas.
Dentro de esa política, la Secretaria de
Gobierno de Bogotá diseñó el
Plan de Prevención Integral que comprende
diversas acciones en materia de vigilancia de instituciones
del Estado, estaciones de policía, zonas
consideradas de riesgo, estaciones de TransMilenio
y control de circulación de vehículos,
entre otras. Igualmente, en lo que resta de este
año se pondrá en marcha una Fuerza
de Control Urbano que cuenta con 1.000 unidades
nuevas, lo cual incrementará el pie de fuerza
de la Policía en la ciudad.
Adicionalmente, se vienen adoptando medidas para
frenar las acciones del paramilitarismo que en Bogotá
ha logrado reconvertirse en un fenómeno mafioso
de lavado de activos, dando lugar a bandas delincuenciales
que incursionan en diversos tipos de negocios.
Es que el tema de la seguridad en Bogotá
está directamente afectado por el ya inveterado
conflicto armado. En efecto, la capital alberga
70 mil desplazados anualmente; 40 familias llegan
diariamente a las cuales el Distrito les brinda
educación y salud en forma gratuita; también
acompaña a cuatro mil desmovilizados en proceso
de reintegración a la sociedad. En cierta
forma en Bogotá se vive el conflicto y el
posconflicto (proceso de justicia transicional como
el de Justicia y Paz) a la vez.
Lo importante es que la ciudad capital cuenta con
una política pública de seguridad
liderada por la administración distrital,
y con una fortaleza institucional que permite articular
acciones con las entidades nacionales para enfrentar
los problemas de orden público e inseguridad.