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EL ESPACIÓ PÚBLICO
COMO ÁMBITO DE SOCIALIZACIÓN
FUNDOC*
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La temática
del espacio público es mucho más amplia
que el problema específico de la ocupación
por parte de vendedores informales de andenes, plazoletas
y otros lugares públicos, por lo tanto, su
tratamiento debe abordarse desde la perspectiva
interdisciplinaria, es decir, de una manera integral.
El espacio público desde el punto de vista
legislativo colombiano "es el conjunto de inmuebles
públicos y los elementos arquitectónicos
y naturales de los inmuebles privados destinados
por naturaleza, usos o afectación a la satisfacción
de necesidades urbanas colectivas que trascienden
los límites de los intereses individuales
de los habitantes".
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Tradicionalmente esta concepción en los estamentos
oficiales, parece restringida a una tipificación
de los elementos físicos sujetos a actuaciones
urbanísticas y jurídicas, dejando a un lado
sus dimensiones culturales, sociales, antropológicas,
históricas y comunicacionales, entre otras.
Desde la perspectiva antropológica, por ejemplo,
se pretende observar, estudiar y comprender la complejidad
de las relaciones sociales, los sentimientos de diversidad
y pluralidad, la apreciación subjetiva humana de
lo urbano y la generación del entorno cultural
de la ciudad. "Desde el punto de vista de la dinámica
socio-cultural, es decir, desde el significado, apropiación
y uso, el espacio público es una construcción
de la diversidad cultural y las relaciones sociales de
una sociedad determinada. Es entonces, un espacio urbano
eminentemente culturizado y socializado. El primer término
evoca la cosmovisión, lógica y comportamiento
desde donde se vive en la ciudad un territorio determinado;
el segundo término: 'socializado', evoca el territorio
urbano en el que no existe exclusividad." (Muñoz
1997)
Podríamos decir, entonces, que el espacio público
es un espacio socializado, culturizado y apropiado subjetivamente
por sus habitantes, en un "territorio" determinado.
"El territorio delimitado, vivido y simbolizado,
es decir, la territorialidad, es el referente empírico
de todo espacio, no importa la clase de propiedad y uso
al que se destine".
El espacio público y el espacio urbano no son objetos
independientes, sino el resultado de procesos complejos,
históricos, culturales, políticos y económicos,
articulados e interdependientes, emergentes de la sociedad
que los produce, todo lo cual nos permite observar las
dinámicas internas y externas y los valores de
dicha sociedad. Para los griegos antiguos, por ejemplo,
el espacio público estaba compuesto por esos lugares
en los que dichas sociedades podían compartir,
discutir y decidir sus asuntos políticos, comunitarios,
culturales (sus obras de teatro, por ejemplo) y hasta
bélicos. Se trataba, principalmente, de un espacio
público político y cultural.
En las sociedades antiguas, y también en las actuales,
el espacio público se articula con lugares y paisajes
de socialización, de identidad, de comunicación,
de expresión simbólica y estética,
de realización e intercambio de valores humanos
y sociales, de producción de cultura, de negociación
política y también de intercambio de bienes.
Lugares, paisajes y escenarios a los cuales pueden tener
libre acceso las personas.
Los espacios privados conciernen, como antítesis,
con la vida privada, familiar y apartada de las prácticas
públicas, donde las personas pueden desempeñarse
también con su libre albedrío y su libertad
de conciencia. La dualidad, el contraste o aparente contraposición
de lo público y lo privado, ha permitido comprender
la ciudad, su complejidad, su evolución dinámica
y dialéctica, además de las capacidades
de negociación política entre lo público
y lo privado.
*Análisis elaborado por la Fundación para
la Divulgación y Recopilación del Conocimiento
(FUNDOC), el cual fue cedido gentilmente a la Oficina
de Comunicaciones de la Secretaría de Gobierno
de Bogotá, por su director Rafael Enrique Ángel
Rivera. El texto por su extensión fue editado por
la Oficina de Comunicaciones.
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