DIMENSIONES DE
LA CIUDADANÍA
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La
ciudadanía constituye la conquista
más importante de los gobernados para
lograr relacionarse con el poder político,
mediante un marco normativo. Consiste, fundamentalmente,
en que el ciudadano deja de ser objeto de gobierno
para ser reconocido como sujeto activo, con
derechos y responsabilidades, en el proceso
político. (Juan Manuel Ramírez,
1998).
Esa concepción
de ciudadano como sujeto de derechos y como
epicentro de la acción del Estado para
garantizarle unos mínimos básicos,
está plenamente asimilada en el Plan
de Desarrollo "Bogotá Positiva:
para vivir mejor", de la administración
Moreno Rojas, al señalar que:
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"Si se entiende la ciudad no solamente
como un hecho físico sino también como
un hecho social, como escenario de convivencia y de
construcción de lo colectivo, como un bien público,
se comprende también la necesidad de la administración
de avanzar en la promoción de una cultura ciudadana,
democrática y de respeto a la vida… En el presente
gobierno, Bogotá debe profundizar la satisfacción
de los derechos de los ciudadanos a través de
políticas públicas sostenibles, que aseguren
la continuidad en el futuro de la orientación
social del gobierno distrital".
Según un estudio del investigador
de la Universidad de Guadalajara, Juan Manuel Ramírez,
al abordar el tema de la ciudadanía es necesario
reconocer tres dimensiones: la civil, la política
y la social.
Cuando se habla de ciudadanía civil
se está aludiendo a las libertades personales.
La política hace referencia al sufragio universal
y a la participación activa de la sociedad en
su conjunto en la toma de decisiones; y la social, al
bienestar ciudadano.
En esa dirección, el filósofo
alemán Jürgen Haberlas considera que la
ciudadanía tiene que ser algo más que
el goce pasivo de derechos otorgados por la autoridad
del Estado: "consiste en prácticas emancipatorias
(sociales, legales, políticas y culturales) que
explican el reconocimiento y la promulgación
de los derechos. Porque éstos son el resultado
de demandas y luchas sociales enclavadas institucionalmente
y que definen una persona como miembro componente de
la sociedad para intervenir en ella" (Turner 1994).
De ahí que la ciudadanía
tiene que ser un proceso constructor y ampliador del
"derecho a tener derechos", como lo sostenía
Ana Arendt, dentro de un ambiente de pluralidad y democracia
incluyente y participativa.
Ahora bien, la ciudadanía para
que pueda ejercerse a cabalidad tiene que sustentarse
no solamente en un modelo de relaciones jurídicas
y sociopolíticas, sino en instituciones y procesos
normativos que permitan garantizar y dar cumplimiento
a los derechos de los asociados, para que éstos
se traduzcan en efectos prácticos.
En Bogotá, la administración
Moreno Rojas busca profundizar el proceso de generar
conciencia ciudadana a través de educación
y participación para que el ciudadano sea motor
de su propio desarrollo, mediante la democracia en la
toma de decisiones y la actitud proactiva de sus gentes,
impulsando de esta manera una verdadera transformación
política.