AFIRMA FERNANDO CARRIÓN,
URBANISTA Y CONCEJAL DE QUITO
"GOBIERNO DE
SAMUEL MORENO SE INSCRIBE EN LA NUEVA TENDENCIA PROGRESISTA
DE LAS CIUDADES DE LATINOAMÉRICA"
| "El
gobierno de la ciudad en América Latina
está viviendo un momento interesante de
transición y cambio de la mano de nuevas
fuerzas políticas, gracias a la presencia
de una nueva coyuntura urbana que trae un renovado
gobierno con signos progresistas. En esa tendencia
se inscribe el triunfo político del hoy
alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas".
Este análisis es del urbanista ecuatoriano,
actual concejal de Quito y coordinador del Programa
de Estudios de la Ciudad de la Facultad Latinoamericana
de Ciencias Sociales (CLACSO), Fernando Carrión
Mena. |
Fernando Carrión
|
Para este analista y catedrático
universitario ecuatoriano, uno de los factores que contribuyó
notablemente al cambio en el nuevo enfoque de gobierno
de las ciudades latinoamericanas, ha sido el fracaso
rotundo del modelo neoliberal con la privatización
de la gestión pública en todos sus órdenes.
"La privatización hace que
la ciudad empiece a ser víctima del abandono
de lo cívico, de la pérdida de su condición
de espacio público y del fortalecimiento de la
exclusión de los sectores populares. Se registra
una concentración de la propiedad y la penetración
de capitales transnacionales en desmedro del pequeño
capital nacional, lo cual reduce el compromiso de la
población con la ciudad y erosiona el sentido
de ciudadanía", sostiene.
En desarrollo de ese modelo conocido como
de "libre mercado" y "competitividad"
se generaron dos modelos de gestión en el desenvolvimiento
político de la urbano: "un modelo que apuesta
a la vía mercantil privada y concibe al espacio
público como un freno para el desarrollo urbano,
y otro pretende atemperar la crisis mediante un enfoque
que le asigna un mayor peso a lo ciudadano, dándole
prelación e importancia al enfoque de derechos
ciudadanos".
En contraste, agrega Carrión, "el
otro modelo, al que denominamos "ciudad inclusiva",
pretende resignificar lo público como opción
frente a los problemas urbanos, a través de dos
estrategias: por un lado, la reconstitución del
aparato municipal como una instancia estatal y pública
de gobierno, dentro del cual la participación
y la representación son elementos claves. Y por
otro, la reconstitución de la ciudad a partir
del espacio público, como un factor estructurante
de la urbe en su dimensión física (organización
espacial), social (identidades e integración)
y ciudadana (constructor de derechos: salud, educación,
etc.)".
"Se trata -explica- de un esquema
de gobierno local, y no solo de gestión. El objetivo
es tener una incidencia general en la sociedad local
a partir de una multiplicidad de competencias y encontrar
un justo medio entre representación y participación
de la sociedad en el aparato municipal. Sobresalen aquí
las ideas de democratización del gobierno local
y de racionalización de su administración
pública a partir del énfasis en lo territorial
por sobre lo sectorial. Este enfoque impulsa la gobernabilidad
y el desarrollo urbano en sus ámbitos económico,
social, cultural, a través de una mejor integración
social que no implica homogenización y una mayor
participación de la población. La gestión
asume diferentes perspectivas: como se está viendo
ahora en la capital colombiana con el Programa de Desarrollo
del alcalde Samuel Moreno Rojas, "Bogotá
Positiva: para vivir mejor"; "La ciudad de
todos" en Lima; la propuesta del "Presupuesto
participativo" de Porto Alegre en Brasil o la de
"planificación estratégica"
de Rosario en Argentina o Montevideo".
Participación y democracia
Bajo este modelo de democracia incluyente,
la ciudad vuelve hacer, explica este catedrático
universitario, "el lugar donde los derechos y los
deberes de la población se constituyen, a partir
de tres elementos centrales. En primer lugar, la polis,
es decir el espacio de la participación y la
democracia que busca representar al colectivo social
en la satisfacción de los derechos políticos,
sociales, culturales y económicos propios de
la ciudadanía. Luego, la urbs, como el espacio
diferenciado de lo rural que representa la inserción
del ciudadano en la ciudad, porque es aquí donde
se construyen los derechos sociales. Y por último
la civitas, como el espacio que construye una comunidad
de sentido, porque representa el derecho que tiene la
población a la identidad y la representación.
Eso es, en suma, la ciudad: el espacio donde nacen y
se ejercen los derechos y deberes de ciudadanía,
y donde el ciudadano se constituye como el elemento
esencial de la vida social".
Ciudad: espacio político por
excelencia
Desde una óptica política,
Carrión considera que es el movimiento histórico
el que le da vida a la ciudad y es el mismo que le permite
resistir. "Una urbe no es solo el lugar donde se
concentra la población: adquiere la cualidad
de tal al asumir su condición de polis. Por ello,
las metrópolis o megalópolis no pueden
ser simplemente escalas superiores, demográficamente
hablando, de la ciudad. Esto implica pasar de una concepción
puramente demográfica de la ciudad a otra que
tiende a devolverle la polis a la civitas, sobre la
base de la restitución de la articulación
de la tríada ciudad-Estado-ciudadanía.
Si la ciudad es el espacio político por excelencia,
lo que se observa hoy en América Latina es que
la política empieza a retornar a su lugar de
nacimiento: la ciudad. Y ello ocurre en una coyuntura
en la que hay un desprestigio de la política
y una despolitización de la ciudad. En este contexto,
la urbe se convierte en objeto de la política,
con dos fuerzas claramente identificadas que se disputan
su destino: la que propugna por el modelo neoliberal
y la que defiende el esquema de ciudad incluyente en
defensa de los derechos y garantías ciudadanas".
Ciudad-Región
También el urbanista ecuatoriano
se refiere al proceso conocido como conurbación
y explica que "América Latina se ha convertido
en un continente urbano, si se lo mide por la cantidad
de población concentrada en las ciudades, pero
también por el peso económico, cultural
y político que estas han adquirido. La creciente
concentración urbana, en un contexto de globalización,
ha dotado a la ciudad de un protagonismo único,
en un momento en que los territorios también
adquieren mayor presencia. Esto ha introducido una nueva
dinámica ciudad-región, definida por una
relación económica, cultural, social y
política distinta. Las grandes regiones emergentes
y las principales aglomeraciones urbanas (capitales)
son la avanzada de este proceso y actúan en algunos
casos de manera integrada y en otros en franca disputa".
Lo interesante de este proceso es que
las ciudades capitales de Latinoamérica "viven
un proceso de redefinición y transformación
significativa, cuyo origen es la recuperación
de la democracia en un contexto de reforma del Estado.
Resalta que uno de los cambios que define
la relación entre gobierno y territorio en una
capital "es el que se produjo, por ejemplo, en
Quito y Bogotá, ciudades que mantienen la unicidad
de la gestión sobre un territorio indivisible,
pese a lo cual se han creado unidades menores de administración
desconcentrada. En Quito, esto se concretó en
1993 a través de una ley que creó ocho
administraciones zonales, mientras que Bogotá,
luego de la reforma constitucional de 1991, alberga
20 alcaldías menores".
El protagonismo de la ciudad
Para este experto ecuatoriano en urbanismo,
al despuntar este nuevo siglo, los Estados pierden fuerza
por un lado, en el escenario internacional debido a
una crisis en apariencia irreversible, contrariamente
a lo que ocurre con las empresas transnacionales, cada
día más vigorosas, que fracturan con sus
políticas de escala mundial la presencia estatal
y extienden la mano invisible del mercado a los lugares
estratégicos, y por otro, frente las ciudades.
En este contexto, explica, "la ciudad
adquiere protagonismo y se transforma significativamente
porque existe un importante proceso de concentración
de la población, de desarrollo de las tecnologías
de comunicación, del mercado y de la política,
y por el empoderamiento de la ciudad debido a los procesos
simultáneos de globalización y descentralización.
Este movimiento de cosmopolización urbana permite
hablar de un importante cambio en la definición
clásica de la ciudad enclaustrada y delimitada,
a otra que ha multiplicado sus mutuas y plurales relaciones
en ámbitos más amplios.En todo caso, hoy
la ciudad se define como una ciudad en red y no como
la ciudad frontera del pasado".