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CIUDAD-REGIÓN


POR ROBERTO PÌNEDA GIRALDO

Algunos de los estudios de urbanización referidos a la cultura de la pobreza tienen como elemento humano común las gentes que migraron a las ciudades desde áreas rurales sumergidas en la pobreza; campesinos o indígenas que buscan en la ciudad más cercana lo que el campo les niega, moviéndose dentro de un espacio que pocas veces supera los límites del hinterland de la urbe o, en ciertos casos, de centros intermediarios de menor alcance. Pero no siempre dentro del mismo mundo cultural. Porque el área que se relaciona con la ciudad, su hinterland, puede diverger culturalmente de ella o comprender más de una cultura o subcultura.

Pero en todos los casos hay un peso de tradición cultural que gravita sobre el
migrante, como resultante de una interacción histórica entre los espacios ciudad y campo que aunque estén en continuidad geográfica, casi siempre pueden estar distanciados culturalmente.

Los efectos de esa interrelación son múltiples, como múltiples son las relaciones que los causan en uno y otro de los componentes comprometidos en el juego, y no pueden estar ausentes de los análisis antropológicos urbanos comprensivos. La migración, personaje central de los estudios de urbanización, es uno de ellos. Otro, es la región cultural.

Si se acepta que la región cultural o el complejo cultural son el efecto de la interacción procesual sociedad/medio-ambiente-físico y que la condición inherente de la sociedad es la variabilidad, cualquier intento de regionalización cultural que se haga hoy debe arrojar un resultado diferente del que se hubiera obtenido en estudios anteriores, relativamente lejanos en el tiempo. Esta es la realidad histórica.

Los términos geográficos que se han reconocido para las regiones en Colombia, en varios momentos y por varios autores, no son coincidentes, aunque se distingan en independientemente de la orientación que se siga, todas las regiones tienen un hecho en común: la presencia de un centro urbano principal que ejerce -y también recibe- influencia directa sobre y desde todos los lugares que comparten las características que los personalizan y diferencian de los demás, constituyendo de esta manera un ámbito común de interrelaciones en una totalidad propia, con dos entidades componentes, región y ciudad, ninguna de las cuales puede ser totalmente entendida sin la comprensión obligatoria de la otra.

Así entendido, el concepto de región se presta bien para el estudio de niveles superiores para intentar a largo plazo el estudio analítico de la cultura nacional, porque es un recurso que permite ir de lo particular (región/complejo cultural) a lo general (país/cultura nacional) en un esquema comparativo tomando como locus de las temáticas la ciudad y el pueblo.

Para las finalidades de este artículo, región y ciudad no se toman con el significado de la dicotomía rural/urbano, porque se reconocen gradaciones que pueden mediatizar las relaciones de los puntos extremos del continuum, ni tienen la intención de profundizar en los efectos migratorios. Ciudad y región se toman como componentes de una misma realidad geocultural, con el fin de inquirir sobre los factores de interdependencia que subyacen en su relación y sus efectos sobre los componentes.

Ciudad (lo urbano, lo citadino) y campo (lo rural, lo campesino) no están desarticulados, ni son independientes una de otro; forman parte de la totalidad, la región que, al igual que la ciudad en su ámbito, es una entidad integrada en sí misma por un elemento aglutinador: la cultura. Pero a la ciudad se le ha reconocido un rol de primacía por el influjo que ejerce sobre el campo, mayor y más intenso que el que se da en el sentido contrario y que, llevado al extremo, debería culminar en la urbanización total de la región.

Ahora y en otras latitudes nacionales, factores de índole política, económica, administrativa y laboral, cada factor por separado o en conjunción, provocan un fenómeno de redifinición regional o subregional, aumentando la diversidad cultural con la reafirmación de ciertos rasgos que parecen definir simbólicamente la lealtad a la subregión; lealtad que se demanda en respaldo de intereses particulares (caso de las subdivisiones político-administrativas y de algunas zonas de migración y conflicto), intereses que concentran su poder real o simbólico en centros urbanos que han alcanzado un área de influencia de importancia; o luchando por prevalecer en el encuentro competitivo de varias subculturas que convergen al mismo centro de interés económico o laboral. En ellas, hasta donde es posible observarlo, las relaciones sí tienen un carácter marcadamente asimétrico por las diferencias en riqueza, educación, tecnología y poder. Son áreas cuasiperiféricas, zonas de frontera en sentido figurado o real, con grandes potenciales económicos como foco de interés, cuyo poder de atracción alcanza a rebasar las fronteras de los centros regionales y aun los nacionales de influencia. La relación deja de ser la elemental para verse complicada por las intermediaciones de varios centros de poder.

 
     
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